Descolonización, una palabra bonita en Bolivia

Estoy viviendo casi 3 años en Bolivia. Mi último hijo está pasando la primaria en una escuela fiscal, y desde la pandemia tiene clases virtuales por lo que he podido ser testigo de cómo es el sistema educativo en el Estado Plurinacional de Bolivia.

Lamentablemente, es igual a lo que he visto en Ecuador y en otros países colonizados. La descolonización que muchos pregonan en Bolivia, es solo una linda palabra, pues, en la práctica se ha hecho muy poco en 15 años. La descolonización es básicamente más burocracia.

Cuando llegué a vivir, imaginaba que la educación en Bolivia habría cambiado y que sería plurinacional y multicultural como propagan por todo lado, pero, luego de más de una década del “proceso de cambio” es la misma educación colonial, capitalista, memorista, repetitiva. Ni siquiera han implementado el método Montessori, Waldorf u otro alternativo. Peor, algo más profundo o radical. Ni siquiera hay el mínimo intento de recuperar o retomar la educación precolombina que existió, por ejemplo, en la isla del sol y de la luna en el lago Titicaca, que eran centros de altos estudios, como cuenta Martín de Murúa.

Lo que me colmó es la última clase de historia que recibió mi hijo. La profesora presentó, en primer lugar, un video con la típica historia sobre el “descubrimiento de América”. Y luego hizo una explicación, en la que dijo, por ejemplo, que los conquistadores españoles lograron conquistar los Andes por la palea por el poder que tenían los hermanos Huáscar y Atawallpa. Y así por el estilo. Es decir, los típicos cuentos inventados por los historiadores oficiales colonialistas, que repiten lo mismo en todo lado desde hace 500 años.

En España y en otros países europeos, a igual que en EEUU y Canadá han botado algunas estatuas de los colonizadores, incluso, en algunos lugares por reacción de las mismas autoridades municipales. En La Paz hasta ahora se conserva una gran estatua de Colón luego de 15 años del “gobierno indígena”.

Samka Mamani es un joven aymara que se subió hasta la cabeza de la estatua en el afán de destruirla, pero solo logró afectarle la nariz, pues la policía (compuesta de indígenas) se lo impidieron. Ahora enfrenta varios juicios y le han puesto una multa de reparación de la nariz que bordea los 10.000 dólares y la amenaza de cárcel. Está luchando solo y con el apoyo de su comunidad. Sin soporte del MAS, quienes tienen el control de la administración de justicia, pero no hacen nada. Solo utilizan la justicia para sus casos personales.

Todo esto confirma, una vez más, que el Estado Plurinacional de Bolivia es un Estado gatopardo y folclórico, como le hemos calificado en un extenso artículo anterior[1]. Cómo puede haber cambio en Bolivia, con la misma educación colonial y criolla de siempre. Es obvio, que no.

Si bien, han hecho algunos manuales e intentan hacer ciertos cambios, pero son muy básicos o elementales. Hay algunas intenciones por introducir lo cultural andino, pero es muy folclórico lo que presentan. Con la actual educación, en la forma y en el contenido que tienen los niños y jóvenes de Bolivia, no se avizora una nueva generación que pueda realmente generar otro sistema, otro país.

Evidentemente que el asunto es difícil y necesita tiempo, pero, primero hay que tener la claridad de lo que se quiere conseguir, aplicando las tácticas y estrategias para lograr aquello. Para que luego se pueda decir, que están empezando y que van avanzando, pero están totalmente perdidos. Siguen reproduciendo y solo intentando mejorar o zurcir el sistema educativo del estado colonial y criollo. Al igual que en todo lo demás.

Siguen sin darse cuenta lo que significa montarse sobre un aparato educativo que ha sido modulado en forma racionalista, esquemática, colonialista y blanqueadora. A esto, la descabellada idea de a ese mamotreto instituido en la república criolla, pretender convertirlo en algo formativo, transformador, descolonizador, revolucionario.

Y esto que pasa con la educación, pasa con todo, con la salud, la administración, las fuerzas represivas, etc. El eterno problema de la izquierda, el de tomar el control de un aparato domesticador llamado estado y desde ahí pretender hacer una revolución. Resulta absurdo tomar el poder de un Estado dominador, verticalista, centralista, para querer construir otro sistema, otro país.

Es decir, el viejo debate, de sí los cambios se hacen desde el Estado, desde el gobierno, desde arriba, desde las élites políticas. En Bolivia, siguen sin aprender luego de 100 años de fracaso de este método de cambio en todo el mundo.

La izquierda no termina de comprender que el Estado no es el sistema, que el Estado es una parte del sistema estatuido, y que lo que marca o determina son principalmente las relaciones sociales y económicas establecidas en 500 años, que son las que fijan en última instancia las situaciones que se suceden. Por ello, no ha habido ningún cambio estructural en Bolivia ni en ninguna parte del mundo.

Los gobiernos de izquierda en el poder, en última instancia, terminan dedicando la mayoría del tiempo y de los recursos, a enfrentarse con la derecha en bizantinas disputas políticas coyunturales, y en resolver la macroeconomía para que el país no se les vaya de la mano. Y no, en construir el tan mentado “poder popular” y el “nuevo mundo” desde y con las comunidades.

Dicho de otra forma, lo que más les importa es tener la dirección del estado colonial, dedicando todos sus esfuerzos a mantenerse en el poder, incluso, en forma tiránica contra el mismo pueblo que quiere cambios profundos. Y, por otro lado, se pasan intentando administrar el capitalismo mejor que la derecha, compitiendo con los neoliberales en quién ha logrado mejores indicadores económicos dentro del sistema capitalista. Esa es toda la experiencia de la izquierda.

La burocracia es un problema agudo, es cómoda y corrupta. Pero, no solo es un asunto de los individuos que conforman la función pública, pues, podrían sacar a todos los antiguos y poner a “revolucionarios”, y no habría mayor cambio. El problema principal son las instituciones existentes, su tipo y estructura. Entonces, cómo se puede pretender hacer cambios estructurales desde el interior del monstruo. Es algo canallesco.

Entonces, qué hacer, es la pregunta clave. Creemos, que desde abajo y desde afuera. Resulta más fácil, cómo están haciendo los zapatistas en México, y el proyecto de ecoaldeas en todo el mundo. En este último caso, los promotores empiezan desde cero. No intentan remodelar algo hecho, sino, que empiezan totalmente con algo nuevo y diferente a lo existente, dentro de un territorio o espacio vacío, recreando absolutamente todo. Empiezan con otras formas de organización y funcionamiento, y con otro tipo o estilo de vida. Un sistema que funciona en base a consensos y al que le llaman sociocracia. Y con un modo de vida basado en formas alternativas, por ejemplo, bioconstrucción de viviendas, alimentación agroecológica, salud integrativa, educación comunitaria, paneles solares, etc.

Desde el estado y el gobierno se podrían fomentar la creación de ecoaldeas, especialmente para la gente urbana. Y, por otro lado, existiendo todavía comunidades milenarias en los Andes sería más fácil, entregándoles a ellos la responsabilidad de la mayoría de actividades humanas. Es decir, convirtiendo a los ayllus andinos, que son federaciones de comunas en pequeñas naciones que se encarguen de asumir directamente muchas responsabilidades comunales. Tal como era antes de la invasión de las monarquías europeas, en que había un tejido de comunidades autónomas que resolvían la mayoría de sus necesidades. Y solo ciertas actividades eran asumidas por la confederación de comunas o markas. Todas las cuales constituían los 4 suyus o regiones que constituían el Tawantinsuyo.

Todo lo cual permitió un sistema de organización muy elaborado y con un alto funcionamiento. Tan eficiente, que los invasores españoles no lo desarticularon, ya que tenía múltiples ventajas al generar una alta producción. Ningún cronista habla de que encontraron pobreza, todo lo contrario, abundante riqueza, es más, se la fueron llevando.

Solo desde la supuesta independencia, los liberales comenzaron a desarticular a los comunarios bajo el argumento de que había que volverlos ciudadanos y dependientes del estado. Y los progresistas han dado el golpe final, volviéndolos aún más dependientes del estado, deviniendo los ex comunarios en pequeño burgueses con negocios propios e individuales, y con ello, las comunidades deshabitadas y perdiendo su modo de vida comunitario y su espíritu colectivo. 

En concreto, en vez de poner todos los esfuerzos en reajustar el estado colonial y pretender un Estado Plurinacional que no funciona, es mejor dedicarse a construir una Nación Pluricultural. Utilizando al estado colonial en un instrumento y medio de reactivación del milenario sistema andino. Eso sería revolucionario y no reformista como pretenden los socialistas, que ya no pretenden hacer una revolución sino solo reformar el mismo estado colonial y al que le cambian de nombre a estado plurinacional y con ello creen que están haciendo cambios estructurales.

Ya quisieran los zapatistas estar en el gobierno de México y poder desde ahí empujar todo lo que quisieran para ellos y para todo el pueblo mexicano. Mientras en Bolivia pasa todo lo contrario. Las paradojas de la izquierda.

Nota:

[1] https://www.alteridad.net/2021/12/27/bolivia-estado-plurinacional-estado-gatopardo-folclorico/

Fuente: Atawallpa Oviedo Freire en rebelion.org

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