Desafíos post y pre electorales

Después de una pausa producto de la conformación del nuevo gobierno y su gabinete, retomamos la mirada crítica y propositiva en una coyuntura delicada para el país.

El retorno de Evo Morales ha modificado el escenario político boliviano, que mantiene la secuela de los dispositivos de influencia oligárquica- colonial, muy poderosas como los medios de comunicación. Por otro lado, el gobierno en este corto periodo de gestión, no ha dado señales de un claro posicionamiento respecto a la consolidación del Estado Plurinacional.


Luis Arce es un excelente economista, pero no tiene la experiencia de lidiar con movimientos sociales de diversa conformación y complejas en su relación con la gestión gubernamental. El objetivo principal del gobierno es salir del pozo en el que nos sumergió el gobierno de facto de Añez-Murillo.

Esto ha hecho que el Suma Qamaña o Vivir bien, esté reducido al discurso vicepresidencial y sin fuerza en los distintos ministerios que, posiblemente se encuentren en un proceso de reconstrucción.

El centro de gravitación del Suma Qamaña son las organizaciones nucleadas en el Pacto de Unidad, que ha sido presa de pugnas internas debidas a la elección de candidatos (en su gran mayoría hombres) y en este proceso Morales, en el ejercicio que le permite su cargo de presidente del MAS ha definido candidatos.

En este largo proceso de resistencia popular, han ocurrido varios desencuentros entre Evo Morales y las direcciones de los movimientos sociales, uno de los más importantes fue cuando se definió el binomio Arce Choquehuanca, la propuesta de un ampliado nacional definió David – Andrónico.

Estos desencuentros son frecuentes en el campo político, pero en la coyuntura boliviana se tornan peligrosos, porque estamos saliendo con muchas dificultades de una demostración de poder del bloque oligárquico-colonial, que no ha bajado la guardia y se encuentra en plena tarea de recomponer su estrategia para el retorno a “su” república liberal.

Los movimientos sociales, en sus diferentes expresiones, mantiene su doble rol: como organizaciones reivindicativas y, por otro lado, como parte de la gestión pública, situación que ya se dio en Bolivia en el gobierno del MNR producto de la rebelión de 1952 y un segundo intento durante la llamada “Asamblea del Popular” durante el gobierno de Juan José Torres, no son experiencias debidamente analizadas, sobre todo, debido a que a este protagonismo de los movimientos sociales fue rápidamente incluido en el discurso del “proceso de cambio”.

La falta de un amplio debate ideológico que alimente los sujetos de la acción política, ha sido reconocida ampliamente y hoy se pretende subsanar ese error con la proliferación de las “Escuelas de Formación” que ofertan desde lecciones de oratoria hasta lecturas de Zygmunt Bauman.

Desde nuestro punto de vista los actores de la resistencia y protagonistas de la historia boliviana contemporánea tienen clara la ideología que los motiva y les permite superar, por ejemplo, los vacíos de dirección como ocurrió en Noviembre del 2019 y en agosto del 2020.

Es la clase media la que no está dispuesta a debatir con la ideología de los pueblos originarios. Entonces no se trata de “capacitar” a los pueblos originarios sino de romper la mentalidad colonial de la clase media boliviana, que incluye también sectores de pueblos originarios.

El gobierno actual tiene el desafió de superar la crisis económica y también la crisis política no superada por el triunfo electoral, el reto es que: gobierno y movimientos sociales se complementen según la lógica andina para reconstruir el Estado Plurinacional, desmantelado por el gobierno de facto.

El escenario electoral que se avecina es la oportunidad para debatir el horizonte histórico de los tres Estados que tienen que administrar recursos económicos y caminar junto a los movimientos sociales, tarea necesaria y prioritaria si queremos reconstruir y luego consolidar el Estado Plurinacional.

Fuente: Camilo Katari en Resumen Latinoamericano

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