Por una militancia político-pedagógica en la escuela

El trabajo docente no produce plusvalía, sino que contribuye a la producción de cultura popular, y desde ahí, a la construcción de poder popular.

Alienación obrera vs alienación docente

Un trabajador consume sus años más jóvenes y fuertes trabajando. La alienación se produce porque los invierte en una tarea que no le importa en lo más mínimo como recurso para obtener un sueldo.

Lo que nos convierte en humanos es nuestra capacidad de trabajar, otras tareas como comer y dormir son actividades que compartimos con el resto del reino animal. La alienación capitalista corrompe esta humanidad y hace que el trabajador se siente un animal cuando está trabajando y solo se siente humano cuando duerme y cuando come. Marx llamaba a esto “la dictadura de los músculos y los nervios” sobre la mente.

Pero no todos los trabajos son igual de alienantes. Si bien hay quien está sentado en la caja de un supermercado demasiadas horas el día, hay quien está parado en una garita de seguridad en un estacionamiento y quien, como el Chaplin de “Tiempos Modernos”, aprieta la misma tuerca miles de veces en una línea de producción, también hay oficios que dan algunas pequeñas satisfacciones: pasteleros, mecánicos, médicos y otras donde se puede desplegar cierto intelecto humanizante.

El trabajo docente es de los más humanizantes, porque construir conocimientos con nuestros alumnos nos permite crecer con ellos. Claro que la docencia, como todo oficio, también se puede ejercer mediocremente, pero es un oficio donde la dedicación y el compromiso puede hacernos mejores personas cada día.

Poder popular

No es cuestión de idealizar la docencia ni caer en esa artimaña del poder de sobrevalorar la vocación como compensación a los bajos salarios. Los docentes no vamos a cambiar al mundo solos pero nuestro trabajo está ligado a la creación de cultura popular y, como tal, puede servir para la construcción de poder popular.

Un trabajador industrial, en cambio, solo produce ganancia (plusvalor) para el patrón. Esto lo obliga a trabajar mal. Dicho de otra manera, desde el punto de la lucha de clases, cuanto más eficiente es el trabajador más fortalece al patrón y más se debilita él.

Pongamos un ejemplo: supongamos un taller con 5 trabajadores que fabrican 80 piezas por día donde, por alguna razón, estos aumentan su producción a 100 piezas por día. La primera conclusión es que, para producir lo mismo que antes, sobra un obrero y obviamente esto debilita a los trabajadores ante cualquier planteo salarial.

Pero supongamos que este patrón puede acumular este excedente en galpones o incluso logra colocarlo en el mercado haciendo crecer su empresa (sin contratar a nadie extra). Los despedidos entonces serán los trabajadores de su empresa rival, que al buscar trabajo traccionarán los salarios a la baja de todos los trabajadores.

Aun si este patrón tiene una política de beneficiar económicamente a los trabajadores que más plusvalía (ganancia) le rinden, la que se debilita es la clase trabajadora en conjunto.

El trabajo docente, en cambio, cuanto mejor se hace más fortalece a la comunidad en un primer momento y al pueblo en su conjunto luego. Ser un buen trabajador docente nos beneficia como clase trabajadora, por eso el estado y el capital sólo nos lo exige formalmente.

Es más, ser un buen docente aumenta los costos de nuestro trabajo: horas de planificación, materiales, horas extracurriculares y demases que no representan una mayor producción de plusvalía.

Comprar una herramienta en una fábrica es beneficiar al patrón, por eso el patrón se asegura de que sus obreros tengan las herramientas. La cotidiana compra de herramientas y materiales de los docentes para su trabajo beneficia a la comunidad educativa, por eso no hay ninguna necesidad de parte del capitalismo ni de su estado de que dispongamos de ellas.

Por ejemplo, el único beneficio que obtendrá la casta política de proveer de computadoras a los docentes es poder hacer propaganda de ello, por lo demás, es dinero “malgastado”.

Particularidades de no producir plusvalía (directamente)

El trabajo docente participa de la producción de plusvalía de una forma muy indirecta. Una huelga en una fábrica implica la inmediata detención de la producción de valor. Para otros trabajadores, como transporte por ejemplo, una huelga indirectamente también entorpece la creación de valor.  Los trabajadores ligados al cuidado influyen en la creación de plusvalía aún más indirectamente, y si son trabajadores estatales ni siquiera pueden entorpecer la facturación al estorbar el cumplimiento de contratos entre privados.

Limitaciones de la huelga en la escuela

Las tácticas sindicales útiles en una fábrica carecen de sentido en una escuela:

Como la huelga docente no interrumpe la creación de plusvalía, el único efecto que tiene es político: Para un gobierno progresista no poder garantizar las clases puede ser, aunque no siempre, un problema. Para un gobierno neoliberal que incentiva la educación privada, una huelga docente puede llegar a ser, aunque no siempre, una buena noticia.

No se trata de descartar la huelga como herramienta de lucha sino de comprender una huelga docente junto a una comunidad educativa que defiende su escuela. La consigna “docente luchando también está enseñando” puede adquirir un carácter tangible cuando docentes en huelga construyen cultura popular en la lucha.

Conclusión

  • Las tácticas sindicales útiles en otros lados no pueden trasladarse mecánicamente al ámbito de la educación pública. Necesitan ser replanteadas.
  • El trabajo militante en docentes debe ser sindical, político y pedagógico orientado hacia la construcción de poder popular en la comunidad educativa y en el pueblo.
  • Trabajar demás, es decir hacer cosas que no nos pagan, debe tener como contrapartida un trabajo político hacia la comunidad explicando la necesidad de ese trabajo extra no pagado por el estado. Al estado no le interesa nuestro trabajo extra, y preferiría que no lo hagamos a tener que pagarlo. No hay beneficio capitalista, directo o indirecto, en ser mejores docentes. Si lo hubiera lo incentivarían y no les importaría pagarlo.
  • El estado no controla lo que hacemos los docentes en el aula. Es más, la degradación de la escuela pública en Argentina ha llevado a un control burocrático más que pedagógico de la educación pública. Los directivos, presionados por la burocracia educativa, se han convertido en llenadores de planillas.
  • Debemos reivindicar el rol pedagógico de los equipos de dirección y rechazar a conciencia esta transformación burocrática. La burocratización de la escuela es también un perfil pedagógico.
  • La lucha docente se debe plantear buscando una relación con la comunidad educativa. Ella es quien debe defender a su escuela.
  • Fuente: Miguel Ran en contrahegemoniaweb.com

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